Nuestra miseria
Parte I
Todas las miserias del mundo
son de un solo corazón,
y el amor de mis entrañas
se fue como el verde pulmón talado,
como petróleo en el mar,
como glaciares que lloran dolor.
Toda la injusticia es una sola voluntad,
y los años no deben visitar la noche,
y los meses sin salir de casa,
y los miedos transforman el colectivo,
y los teatros televisivos nos burlan,
y nos queda solo respirar.
Encarar con la insignificancia de mi ser,
el pequeño y sórdido pesimismo se asoma,
única realidad,
un mundo a punto de explotar.
Parte II
Que noche apacible, agradable,
larga y densa noche de encierro.
Sola mi voluntad reprimida,
estremecida en conflictos mentales:
Estimulantes luciérnagas.
Somos la víctima del abstemio mentiroso,
sudoroso, temeroso, pervertido y penoso.
Nuestra noche es más oscura,
más lenta, más silente,
quebrada.
Toda noche tiene doble filo:
rápida, ruidosa, perfecta,
destruida.
Somos uno,
aunque no puedo abrazarte,
mis locuras no son tales al sol.
Soy ígneo de día,
contenedor de fuegos aleatorios,
moralista en cuanto resista mi quemar,
y me congelo en las estrellas.
Otro día de encierro nos dispara disparates,
y de sus ruinas despiertan diamantes,
demonios,
y magnates.