La rueda que compartimos.
Violenta la vida misma:
Estoy enfermo. Enfermo de mirar tu cara de culo.
Tu consumo. Tu impresión por los culos. Alarma!
Un día más, despertar cayendo. Confundido por la incoherencia de las emociones.
Casi petrificado, como quien observa un horrendo crimen.
Más tarde, en la multitud de la ciudad estoy solo y excluido.
Me pregunto si acaso en el corazón del bosque me sentiré en plena compañía.
O acaso la montaña -allá arriba- me incluye en su soledad. El viento mi único compañero.
Ya es de noche y al volver al cubículo ruidoso entiendo algún por qué.
Mientras siga aquí se acumulan contradicciones.
Corre sin piernas la madrugada. Intento no pensar en los otros, en sus actos inconscientes.
Su inconsciencia misma me dan la excusa para seguir reflexionando sobre un lugar mejor.
Todo desechable.
¿Basura? A lo menos ignorancia.
¿Bocinas? A lo menos histeria.
No se necesita terapia. Sencillamente no la necesito.
Entiendo mejor que otros el malestar que me provoca continuar.
Asalta la imagen infantil, prístina, para quienes fui, soy y seré luz.
Por defecto social, yo soy Responsabilidad.
¿Alcanza solo el instinto para el amor fraterno? Condiciones sociales como condimento.
Los muchos progenitores ciegos de deseo y prontitud ya han adquirido su Responsabilidad.
Se volvieron miles.
Más dolor que amor.
Pero el amor es todo.
Insisten y se construyen e izan la bandera más arriba. Ahora más ciegos de deseo.
Tiempo lento. Reflexiones profundas: banalidades.
Se oye solo el tictac. Cielo gris.
Hace horas que no hay personas en el parque. Gritos de locura en las afueras del concreto.
¿Se necesita terapia? La sociedad ya enfermó.
Y así voy, enfermo, rumbo a responsabilizarme voy.
¿Voy realmente? Me compadezco.
Es Inadmisible. Inaceptable. Reprochable.
Es vergonzoso.
La oscuridad es opacada por destellos del sol. Fugaces colores del alba.
¿Es una irresponsabilidad morir?
La vida ya tirada, pudriéndonos en ella vamos: ¡Haz de hacerte cargo!.
Y de las tripas lanzo carcajadas.
¿Qué es la muerte sino pura moral?
¿Acaso no es la moral tan pegajosa y molesta como la religión?
¡Pero el deseo de morir es una contradicción natural!
Los humanos desean vivir, ya sea como defecto, o como virtud.
Desean vivir.
En decadencia está quien desea. Su utopía lo violenta.
Porque el deseo es violencia, es efecto de la mente para cubrir.
Enterrar ansiedad. Saciar la criatura.
El deseo elimina la realidad. El deseo te invita a creer que la vida es tuya.
El deseo te invita a existir. Anula la fugacidad y lo superfluo de ser.
Por eso me violenta, porque soy por deseo de vivir.
Que paradoja llegar hasta aquí para asumir.
En mi cabeza existe una utopía: yo deseo.
Yo deseo que todo mejore, que seamos felices.
¿No es este deseo violento conmigo?
¿No es acaso violenta mi propia utopía?
Larga noche, y me azota el cansancio al descubrir que ya es de día.
Nuevo día.
¡Buenos días!
Bienvenido a nuestra compartida y violenta utopía.
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