i. Prólogo
Cada idea toma la forma de un cañón
Un precipicio incalculable es cada mente abierta.
Y las piedras lanzadas a su hondo corazón
Se incrustan para siempre en su tierra y sus flores.
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ii. Cañón.
Corrientes de ideas se desbordan
Despiertan insolentes los sentidos
Donde toda insustancial luz viaja
Al mar de intrascendente destino.
Proyecciones instintivas sumergen
En un reducido charco al abismo
En rasgos vivos de goce solitario
Bajo limites que forjan conciencia.
Lanzaron piedras a mi precipicio
Del hueco sonido definen formas
Cubierto el techo de grises nubes
Amenazan con florecer el fondo.
Especies foráneas cubren mi tierra
Eminente plaga se descontrola
Invaden la quietud del bajo valle
Reflejos de latitudes latinas.
Estruendo infinito de las aves
Animaron el canto de mis sombras
Golpes constantes de los mares
Animaron el ritmo de mis manos.
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