miércoles, 22 de abril de 2020

Puesta de Luna.

Luna de la noche a la mañana.

No le llama la atención en lo más mínimo el espectáculo de luz y el ruido en esta noche tan silenciosa y laboriosa en otras cuantas caras. Pero este amigo sobre dos patas olfatea desconocimiento y nada más. Y lo no-reconocible es un gemido efímero solo por llamar mi atención. Mis ojos pelean entre la luna y el papel.

Bajo un cielo azul y estallado, baila bella sobre un río de luz, hecho de propia sonrisa de luna, y de aquel acto es cómplice el mar gris. Poco a poco cae la luna casi heroica a la búsqueda del descanso sobre el gris infinito, que mas tarde es azul, y de nuevo el ocaso rojizo.

A pocos metros, sobre la mesa robusta, una taza de té, y arbustos y flores se amontonan a pierna y cuarto más allá, trémulas de viento esos pelos, y a montones miran el mismo magnifico espectáculo que también puedo apreciar. Y que noble es apreciar. De buena gana la hierba no cubre la vista, han crecido lo suficiente y resaltan la escena, casi me nace agradecerles. Siempre que una escena con sentido llega, resalta. Verdes cabellos que siguen negros, a la espera del pincel, solo unos cuantos destellos de nieve enlodada manchan los pétalos.

El barco avanza sobre una estable cuerda floja, camina sobre la cornisa, después del permiso concedido por la luna, a través del mágico río plateado creado por ella, y es el mar quien queda sin créditos, que, aun gris, ruge quizá por quedar desplazado en maravillosa obra: ¿Por qué ruges tanto?

La luna hace rodeos para no encontrarse al sol, pues el no conoce el contraste, y no conoce los rugidos sino la calma del mar. Tal vez es así la noche, lo mismo y lo disperso. Y la luna ayuda a que se agiten los mares. El mar agitado al unisono del viento ruido manso: ¡Que natural es toda esta violencia! Asusta, Encanta.

Será magnifico mientras lo quiera, en desmedro de una noche tormentosa y nubosa, la luna al borde de su circunferencia lo embellece todo, de a poco nivela angulándose al puerto hasta que tiende a cero. Puerto, mar y luna.

Reconozco que, como bien leí por ayer, "toda aversión está ligada a una apreciación". Así, pensar en escenarios adversos han de existir, pero el instante aquí. Contento, casi solo, contemplando y escribiendo momentos.

Y los materiales con sus curiosidades. Me pone a recordarme física me pone a recordar. Cristales, multilaterales y bifocales. Cristal material nuevo crea lo nuevo, nuevo encanto se ha sumado, la luna ahora es doble a través del cristal.

La flor, la luna, la otra, el río blanco que cada vez teme y huye un poco más, y los gemidos de mi amigo que mira el espectáculo, o quizás solo vive. Se apagó el barco, se fue. Se prendió el cielo: Llegaron las horas venideras.

Viña del mar, 2018.





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