3, 2, 1:
Fuego! Miedo! Comodidad!
Maldito angustioso miedoso
Con su deplorable caballito de batalla
Traje negro y camisa a rayas
Reventado en el juego
Vomitado de ego
Salpicando el carrousel con su persona
Envidiandole el tiempo al sol
Suplicandole canciones al ruiseñor
Canjeando horas por billetón
Para ahogar los gritos:
En tu compostura está la falacia.
Yo no detesto la vida, sino el infortunio del tiempo de encontrar actividades mejor pagadas, para pagarte la libertad, que en cambio, es una atadura, un contrato a un ritmo de vida ya conocida, ya masticado.
En esta remuneración he de buscar la libertad que jamás encontré de niño, y que jamás encontraré de adulto.
En el mejor de los casos existirá para ustedes una buena oportunidad de comodidad. Sin embargo, muchos confunden esta oportunidad con la realidad personal.
¿Quién eres, sabes?
Es que resulta tan sencillo cuando tu único interés ha sido el desinterés, entonces crees que ese camino de vida es tu consigna, crees que escalar esta montaña de fierro es una hazaña.
¿Y donde quedó tu amor?
¿Y donde quedó tu goce?
¿Y donde quedó tu emoción?
Me parece que aquellos, los vacios, los frios, se conforman con este circulo levemente emocionante al inicio, interesante con los meses, y luego sobrellevan toda la carga y pesar hacia su futuro.
Y se tragan su pesar.
Y se conforman.
Lástima de mi, por tanto sufrir, y siento aún la angustia en silencio debido a tantos recuerdos e imagenes que tengo hoy en mi cabeza, que jamás debí asimilar, y jamás debí caminar en este pedazo de busqueda llamada libertad. Algo sé: Aquí no está.
Se oyen que llegan
Los pasos firmes
Tan alienados
Los cómodos
Y soy parte.
Miradas vacías al infinito
Al infortunio
Como esperando ver algo
Algo distinto.
¿Y si solo debo conformarme?
¿Si este es el límite?
¿Si esta es la vida?
Me rehuso.
Hoy siento más que nunca el desapego con la masa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario